Mitología de las constelaciones de otoño: Perseo y Andrómeda

Mitología de las constelaciones. Perseo y Andrómeda por Tiziano.

Mitología de las constelaciones. Perseo y Andrómeda por Tiziano.

Una familia mitológica

La mitología de las constelaciones de otoño debe pasar, necesariamente, por una de las familias mitológicas más importantes de la mitología griega.

Igual que sucedió con la Osa Mayor y la Osa Menor, o Orión y Escorpio, Zeus decidió dar un honorable lugar entre las estrellas a los siguientes personajes mitológicos.

Perseo, el héroe de armadura dorada que lleva en la mano cabeza de Medusa. Su amada Andrómeda, encadenada a unas rocas. Casiopea y Cefeo, reyes de Etiopía y padres de Andrómeda. el caballo alado Pegaso y el monstruo marino Cetus. Entre todos nos recuerdan el mito de Perseo y Andrómeda.

Perseo

Comenzamos nuestra mitología de las constelaciones con un semidios de la mitología griega, Perseo es hijo de Zeus y de la mortal Dánae. Cuenta la historia que Dánae fue encerrada en una torre de bronce por su padre Acrisio, rey de Argos, porque según la predicción de un oráculo Acrisio moriría a manos de su propio nieto. Zeus se transformó entonces en una lluvia de oro que cayó sobre su amada Dánae y así se quedó embarazada. Dánae tuvo a Perseo y, al enterarse Acrisio, los arrojó al mar en un cofre de madera. A petición de Zeus, Poseidón calmó las aguas del mar. Así, Dánae y Perseo pudieron alcanzaron la costa. Así sobrevivió el héroe de esta historia.

Perseo y Medusa

De joven, Perseo declaró que sería capaz de cortar la cabeza de Medusa, una gorgona con pelo de serpientes que era capaz de convertir en piedra a los hombres con solo mirarlos. La mitología de las constelaciones también esconde algunos monstruos, como este.

Pese a que nadie creía en Perseo, él se adentró en la guarida de las gorgonas mientras dormían. Gracias a un zurrón mágico que le entregaron las ninfas para guardar la cabeza, a unas sandalias aladas, al casco de Hades, que lo volvía invisible, a una hoz de acero que recibió de Hermes y a un escudo brillante que recibió de Atenea, que le sirvió como espejo para no mirar a los ojos a la gorgona, pudo cortar la cabeza de Medusa. De la sangre derramada nacio el caballo alado, Pegaso.

Las gorgonas, hermanas de Medusa, buscaron a Perseo, quien estaba protegido por el casco de Hades.

Andrómeda y Perseo

Andrómeda era hija de Casiopea y Cefeo, reyes de Etiopía. Casiopea enfadó a los dioses al afirmar que era más hermosa que las nereidas, unas ninfas del Mar Mediterráneo de asombrosa belleza. Para castigarla, los dioses enviaron un monstruo marino, llamado Cetus, para que causara mil desgracias a su pueblo, a no ser que entregaran a Andrómeda en sacrificio.

Andrómeda fue encadenada a unas rocas junto al mar, donde hubiera sido devorada por el monstruo marino Cetus, de no ser por que Perseo llegó en su caballo alado, Pegaso. Perseo sacó del zurrón mágico la cabeza de Medusa, rescató a Andrómeda y se fueron volando en Pegaso.

Con los años, Perseo y Andrómeda se casaron y tuvieron siete hijos.

De nuevo, esta es una historia escuchada muchas veces: la del héroe salvador y la mujer en apuros. Nos gusta recordarla y también pensar si hoy día contaríamos las historias de la misma manera.

Mitología de las constelaciones. La Galaxia en Andrómeda. Por Hamois.

Mitología de las constelaciones. La Galaxia en Andrómeda. Por Hamois.

La Gran Galaxia de Andrómeda

Se estima que esta galaxia es el doble de grande que la Vía Láctea y se encuentra a una distancia de unos dos millones de años luz de nosotros. A pesar de estar tan lejos, la puedes ver a simple vista. Siempre que te encuentres bajo un cielo oscuro y libre de contaminación. Ocupa en el cielo el doble de superficie que la luna llena así que, para verla completa, es mejor utilizar unos prismáticos de astronomía. Cuenta con dos galaxias satélites principales, que son más fáciles de ver con un telescopio. Como curiosidad, fue la primera galaxia exterior a la nuestra de la que se pudo medir las distancias. Lo consiguió el astrónomo Edwin Hubble, gracias gracias a los trabajos previos de la astrónoma Henrietta Leavitt.