

Los astrónomos han observado algo que parece moverse mucho más allá de Neptuno. De ser cierto, podría ser un planeta desconocido hasta ahora. Esto explicaría el movimiento de los objetos que se mueven por el cinturón de Kuiper, la inmensa y helada región en el exterior del Sistema Solar en la que se encuentran Plutón, Eris, Quaoar, Sedna y otros muchos planetas enanos.
Al comparar los datos de un moderno telescopio espacial con los de otro telescopio de hace más de 20 años, se advierte que algo se está moviendo como se esperaría que lo hiciera un planeta con una masa similar a la de Neptuno. Se ve como un simple puntito y podría estar a unos cien mil millones de kilómetros.
Pero necesitaremos más información para estar seguros y poder cantar victoria.
Plutón, descubierto en 1930, fue por muchos años considerado el noveno planeta. Pero como en 2006 pasó a pertenecer a la nueva familia de los planetas enanos, volvimos a quedarnos con ocho. Y desde entonces seguimos atascados en ese número. Neptuno, el octavo planeta, que se descubrió en 1846, volvió a ser el planeta más lejano conocido.
Se han encontrado, con los telescopios más potentes, cientos de cuerpos orbitando al Sol en el cinturón de Kuiper. Pero ninguno de ellos tiene la entidad suficiente como para considerarlo un planeta, a pesar de que parece que muchos de ellos son esféricos.

La órbita del hipotético planeta 9
Con más dudas que certezas, los astrónomos siguen trabajando
Aún quedan años para confirmarlo o desmentirlo
Se ha intentado trazar la posible órbita de este objeto con los pocos datos que se tienen hasta ahora. En la imagen puedes ver esa órbita comparada con la de Neptuno, que a esta escala aparece muy próximo al Sol, y con la del planeta enano Sedna.
Los cuerpos del Sistema Solar se mueven por la atracción gravitatoria que el Sol ejerce sobre ellos. Como el Cinturón de Kuiper está tan lejos, esa gravedad se siente mucho menos, lo que hace que todo vaya muy, muy despacio. Las dos posibles observaciones de este posible objeto, tomadas con exactamente 23 años de diferencia, no son suficientes y se necesitan más.
Los astrónomos van a tener que dedicar un esfuerzo considerable para volver a detectarlo y que podamos así asegurarnos de que, en efecto, se haya descubierto un nuevo compañero planetario de la Tierra, dentro la gran familiar del Sol.